Víctimas del pecado
Víctimas del pecado

Sinopsis

Violeta acaba de debutar como rumbera en el bar Changoo cuando ella y sus compañeras ficheras reciben la noticia de que Rosa, otra de ellas, acaba de dar a luz. Al salir del sanatorio, Rosa va al bar en busca de Rodolfo, hampón y chulo del lugar, para pedirle ayuda con el niño, ya que es hijo suyo, pero él la obliga a deshacerse del bebé para continuar trabajando bajo su amparo. Violeta, al enterarse de que Rosa dejó al niño en el basurero, corre a rescatarlo y al llegar con él al Changoo, don Gonzalo, dueño del lugar, la despide.

Para subsistir, Violeta sale a la calle y una noche es visitada por Santiago, dueño del cabaret La máquina loca, quien al notar que es madre, le ofrece un empleo menos indigno en su negocio. Esa misma noche, se aparece Rodolfo para hacerle una propuesta de negocios, pero al ver al niño, trata de deshacerse de él y golpea a Violeta, quien, auxiliada por las mujeres de la cuadra, logra que Rodolfo vaya a la cárcel. Después de esto, Violeta va a La máquina loca para tomar el trabajo que le ofreció Santiago; al cabo de un tiempo, deja de ser fichera y toma el puesto de rumbera, además, ella y Santiago adoptan al niño y forman una familia. Todo parece ir bien hasta el día que Rodolfo cumple su condena e irrumpe de nuevo en la vida de Violeta y su hijo.

 

Acerca del director:

Emilio el Indio Fernández

Nació el 26 de marzo de 1904 en El Hondo, Coahuila. Siendo un joven emigró a Estados Unidos y pronto consiguió trabajo en la efervescente industria cinematográfica. Entre 1925 y 1934 apareció en varias películas como extra, actor secundario, bailarín, además de trabajar como barrendero, carpintero, cargador y otros oficios.

Luego de siete años de exilio, y tras la amnistía declarada a favor de los delahuertistas, Emilio Indio Fernández regresó a México y se incorporó al cine. Participó como actor en Corazón bandolero de Raphael J. Sevilla, Janitizio de Carlos Navarro, Adiós Nicanor de Rafael E. Portas; brincó a la pista como bailarín en María Elena, también de J. Sevilla, y participó en Las mujeres mandan y Allá en el rancho grande de Fernando de Fuentes; su primera colaboración como libretista fue en Los muertos hablan de Gabriel Soria.

En 1941, apoyado por David Silva y asesorado por Raúl de Anda, debutó como director en La isla de la pasión , a la que siguió Soy puro mexicano; en 1943 estrenó Flor Silvestre, notable no solo por la historia y actuaciones, sino porque en esta cinta conjuntó un equipo de trabajo que incluyó al argumentista Mauricio Magdaleno, el fotógrafo Gabriel Figueroa y los actores Dolores del Río y Pedro Armendáriz, con quienes filmó María Candelaria, La perla, Enamorada (en la que incluyó a María Félix), Río escondido, entre otras, que le dieron reconocimiento internacional y nacional, premios en festivales de todo el mundo y lo llevaron al primer plano de la cinematografía mundial de los años cuarenta.

Con la década de los cincuenta sobrevino la decadencia de la Época de oro del Cine Mexicano, su gloria decayó y con la falta de oportunidades para dirigir retomó su carrera como histrión en 1958 en La cucaracha de Ismael Rodríguez. En los últimos años de su

vida filmó segundas y terceras versiones de sus propias películas, al tiempo que participó como actor de carácter en las producciones en cine y televisión que le ofrecían, sumando 98 películas como intérprete y 48 como director.

 

Ficha técnica:

Víctimas del pecado

México, 1951

Dirección: Emilio Fernández

Guion: Emilio Fernández y Mauricio Magdaleno

Fotografía: Gabriel Figueroa

Música: Antonio Díaz Conde

Con: Ninón Sevilla, Tito Junco, Rodolfo Acosta, Ismael Pérez Poncianito, Rita Montaner, Margarita Ceballos, Francisco Reiguera